Siempre guardo las películas de llorar para cuando estoy muy feliz. Creo que si ves una película de llorar mientras estás triste, no sabrás apreciar la parte bonita de la película. Al final, todas las películas de llorar tienen un mensaje bonito. Por eso, me las guardo para cuando estoy muy feliz, así me puedo permitir exteriorizar lo malo, sin dejar de estar feliz. Y es que vivimos en una sociedad que no se permite a sí misma llorar. Siempre fingimos que todo está bien. Por las mañanas nos ponemos una máscara, nos maquillamos. Y así, después de equiparnos con nuestra armadura, salimos al mundo exterior. Un mundo que guarda todos los peligros que podamos imaginar y más.
Rara vez desnudamos nuestras almas al completo. Pero no tenemos problema para desnudar nuestros cuerpos. Creo que a veces deberíamos limitarnos a sentir más y pensar menos. Quizá eso nos haría perder nuestro status de «tipos duros», que suele ser lo que nos gusta aparentar que somos. Aunque en el fondo, sabemos que no lo somos. Sabemos que somos vulnerables, como un papel de liar tabaco, que si lo mojas ya no sirve para nada. Y con esto no quiero decir que si nos mojamos vayamos a enloquecer, ni que fuéramos figurantes de la película Gremlins. Me refiero más, a que a veces no tenemos claras las cosas respecto a los sentimientos y entonces preferimos guardárnoslas. Pero de lo que no somos conscientes, es de que cuando guardamos demasiado, ya no cabe más y revienta. Es como cuando engordas diez kilos, pero de manera optimista pretendes que te quepan los mismos vaqueros que te ponías cuando pesabas 65 kilos, las costuras terminan cediendo.
Hoy estaba feliz, pero últimamente tenía muchas ganas de llorar, así que ver una película para llorar me ha parecido lo más sanador que podía hacer. Y no es que no me permita llorar para mantener mi estatus de «tipa dura», es que no me gusta preocupar a los que me rodean. De hecho, diría que es una de las cosas que más odio. También odio los domingos, sobre todo por la tarde, una amiga dice que le parecen nostálgicos. En mi opinión son torturadores. Te quedas en casa descansando del fin de semana y para el lunes, pero solo consigues aburrirte y cansarte más. Por eso la alternativa a los domingos son las películas, pero claro, elegir una película es de lo más tedioso del mundo. Sobre todo, si la vas a ver con más gente. Así que terminas viendo una de las últimas películas que marcaste en Megadede, que da la casualidad que era una peli de llorar que guardaste para un momento feliz. Y bueno, lo demás os lo podéis imaginar. Eso sí, la película me ha gustado mucho, también he llorado mucho. Estoy segura que si hubiera visto la de la chica que se vuelve una canibal psicópata no habría escrito esto. Escribir es otra de las cosas que me parecen sanadoras para el corazón. Que por cierto me parece un órgano de lo más peculiar.
En definitiva, siempre que necesitéis llorar podéis ver Bajo la misma estrella, o la recién añadida a la lista, A dos metros de ti. En una crítica de El País la definieron como «masoquismo sentimental«. Y tienen razón, ver una película de dos adolescentes moribundos que se enamoran y con dudoso final feliz, es de que te guste sufrir. Pero bueno, he aprendido que, si no te permites sentir lo malo de la vida, difícilmente vas a disfrutar de lo bueno. Pero eso no lo he aprendido viendo películas de adolescentes moribundos, eso ya es otra historia.

