A base de ensayo y error ha visto nacer esta arquitecta de la ciudad portuaria una nueva mezcla de hormigón. Con una densidad inferior, presenta la resistencia necesaria para usarse en construcción. Esto supone un impacto medioambiental positivo, ya que la industria del hormigón es de las más contaminantes. Además, la mezcla se fabrica con polipropileno, un material reciclado. La arquitecta declara que “planteamos el tema del plástico porque hoy en día el tema de los micro plásticos es uno de los problemas más serios”.
Incorporar materiales con una densidad inferior a la grava o a la arena supone un menor uso de estructura. Otra de sus ventajas es la resistencia frente a seísmos, “cuanto más liviana sea la estructura de un edificio mejor va a aguantar el empuje de un terremoto”.
El proyecto se ha cumplido de manera satisfactoria ahora sólo falta que se comercialice.

