En enero visité Ámsterdam y como soy muy vaga, me ha costado cinco meses decidirme a escribir sobre el viaje. Pero como diría mi abuela, nunca es tarde si la dicha es buena. Creo que uso demasiado ese dicho con tal de procrastinar. Debería ponerme a estudiar Derecho, pero me voy a poner a escribir Vol. II.
Antes de navidad una amiga me regaló una libreta preciosa de terciopelo lila (ojalá pudieras tocarla es tan suave), así que cuando me fui a Ámsterdam decidí bautizarla como la libreta del viajero y adoptar una costumbre que tenía mi padre: escribir los viajes y guardarlos para siempre, así no olvidaría ningún detalle.
Lo primero que os diré, es que, con sus retrasos y cancelaciones, BENDITO RYANAIR. La misma que me regaló la libreta se pasa la vida mirando la app de Ryanair en busca de vuelos baratos, y Santa Paula encontró en agosto un vuelo ida y vuelta a Eindhoven por 30€. Súmale los 12€ que pagamos para llevar equipaje de mano, por 42€ fuimos a descubrir mundo ida y vuelta. Así que solo nos faltaba el alojamiento, y Santa Paula lo volvió a hacer, encontró un hostal en pleno barrio rojo a un precio inmejorable. Así que ya teníamos dos literas reservadas en Travel Hotel Ámsterdam, he de decir que el hostal hace lo que hago yo en Instagram y sube las mejores fotos. La realidad no era nada del otro mundo, la habitación un pasillo alargado con dos literas y cuatro taquillas, y un baño compartido para el pasillo. Pero siendo estudiantes y viajando low cost, que más queríamos, solo íbamos a usarlo para dormir.
Iniciada la aventura y ya en Eindhoven, en el propio aeropuerto teníamos la opción de coger un bus ida y vuelta por 40€ a Ámsterdam, y eso hicimos. Había otras opciones, como el tren, pero esta nos pareció la más cómoda. El trayecto son unas dos horas en bus, que se alargan si nieva como nos pasó a nosotras. Imaginad, soy de Murcia, cuando me bajé del autobús sin los guantes casi se me congelan los dedos del frio.
Ya instaladas, decidimos ir a cenar y descubrimos que venden agua bendita embotellada o algo así, porque cada botella pequeña costaba alrededor de 3€. La idea es que la comida no está nada mal de precio, pero luego te la clavan con la bebida.
Casi todos los que viajamos a Ámsterdam lo hacemos con el mismo fin, y un buen sitio para conseguir ese fin es The Bulldog, a pie de calle tiene un bar donde venden todo lo necesario. Bien puedes comprar y consumir allí, o comprar e ir a otro coffeshop. Nuestros favoritos eran Hill Street Blues y Hunter´s Coffeshop, se llenan rápido por la noche, pero como son espaciosos no es difícil encontrar sitio para sentarse. Además, por unos 12€ tienes una jarra de cerveza. He de decir que la cerveza de Ámsterdam no es como la de España, es mucho más suave, como agua.
No solo fuimos a cultivar el alma, también la mente. Muy recomendable visitar Van Gogh Museum, que recoge la vida y obra de Vicent Van Gogh; y Moco Museum, allí se recopilan obras de Banksy, Daniel Arsham o Roy Lichtenstein, entre otros. Obras modernas recogidas en una casa antigua. Hay otros tantos museos, como el famoso Rijksmuseum, pero como somos jóvenes, guapas y estudiantes y el presupuesto era limitado, tuvimos que sacrificar algunos museos. Sin dejar olvidada la Casa de Ana Frank, nunca había visto tantos turistas siendo tan respetuosos a la vez. Considero que es una visita cargada de emociones que no puede faltar en el itinerario. Es recomendable sacar las entradas a los museos con tiempo, sobre todo a la Casa de Ana Frank, ya que se suelen acabar.
Importante en todo viaje es encontrar buenos sitios para comer. Para desayunar fuimos todos los días al Stock Café, en Damrak una calle principal llena de tiendas y bares. Muy cerca del hostal, tenía menú desayuno y por unos 10€ tienes un croissant mixto, un cappuccino grande y un zumo de naranja. Si te gusta el aguacate, no deberías perderte The Avocado Show, todos los platos están hechos con aguacate, todos. La comida son unos 20€ por persona, pero lo disfrutas mucho, y siempre hay que darse un capricho. Es obligatorio, o eso parece, probar los cucuruchos de patatas fritas con mil posibilidades de salsa. Cuesta unos 5€ el mediano, y te da de sobra para comer. También obligatorio y esto es una imposición mía, es probar los Stroopwafels, una especie de galletas originarias de los Países Bajos elaboradas con dos especies de gofres redondos que tienen entre ellas un relleno de caramelo. Van Wonderen Stroopwafels tiene varios formatos de paquetes para poder llenar tu despensa. Si te pone muy triste que se te acaben, venden en Mercadona, pero obviamente no son lo mismo. Se comen calientes, con unos segundos al micro es suficiente.
Entre los sitios que puedes visitar está el Mercado de flores, justo al lado hay muchas tiendas que venden queso, y donde puedes probarlo. Yo que tengo una insana obsesión por el queso, con lo poco healthy que es, me puse fina a muestras de queso. Tony’s Chocolonely Super Store es una tienda de chocolate que es una maravilla, a mí no me gusta el chocolate y podéis odiarme por ello. Puedes probar los diferentes tipos de chocolate, e incluso diseñar tu propia tableta. Es como una pequeña fábrica de chocolate, quizá sin el cómo.
Si quieres salir de fiesta hay algunas discotecas por la zona de Leidseplein, pero nosotras no entramos a ninguna. Las que miramos tenían muchas normas de etiqueta que no cumplíamos: no deportivas, no transparencias, no ropa rota… Nos fuimos a un coffeshop/ pub llamado Stone’s Cafe Bar & Nightclub, no cobran entrada, pero si por ir al baño. No está mal, ponen música y puedes bailar y tomar algo. También visitamos Xtracold Icebar Amsterdam, son 20€ y es una de las visitas que puedes obviar. Al entrar te dan 3 fichas, una la usas en el bar «normal» decorado como si fuera un barco pirata. Después de un breve espectáculo de uno de los camareros, que va disfrazado de pirata, pasas al Ice Bar, donde puedes gastar las otras dos fichas. Todas las fichas puedes usarlas en cerveza, cocteles o chupitos.
Y, para terminar, algunos consejos para recorrer la ciudad. Puedes ir a todos sitios andando sin necesidad de transporte, es muy fácil orientarse. Hay que tener en cuenta que las bicicletas tienen preferencia. En muchos sitios te dirán que no puedes hacer fotos, y está prohibido (obviamente) sacarles fotos a las chicas del Barrio Rojo, están trabajando y no son un show. Y disfruta del viaje, que es una ciudad muy bonita.

